
La Bodega de la Estación de Orotina fue, durante muchos años, un punto clave para el movimiento de mercaderías que llegaban y salían del cantón a través del ferrocarril, tanto en trenes de carga como de pasajeros. En este lugar se realizaban las labores de carga y descarga, y se contaba con una gran romana donde se pesaban los productos que las personas enviaban hacia San José o Puntarenas.

Según relatan las historias del ferrocarril, en el año 1949, el bodeguero en esa época era don Santos Salazar, quien contaba con el apoyo de don Ramiro Solano como auxiliar. Los encargados de la carga eran Omar Castellón y José León Campos. Con el paso de los años se incorporaron otras personas a estas labores, entre ellas Rafael Ángel Castro, Felcho José León Berrocal y Maximiliano Brenes. Más adelante también formaron parte del equipo Noguía Alvarado, José Vargas y Maurilio Navarro.

Después de don Santos Salazar, el encargado de la bodega durante muchos años fue don Rafael Ángel Castro. Él se ocupaba de asignar el precio de las encomiendas y de colocar un rótulo que indicaba: “A entero riesgo del dueño”. Cuando se trataba de mercadería delicada, añadía otro aviso que decía: “Trátese con cuidado. Mercadería frágil”. El pago de estas encomiendas se realizaba en la boletería de la estación.
Además, en la bodega se entregaban las mercaderías que llegaban en los trenes desde otros lugares y que estaban destinadas a personas del pueblo, quienes debían firmar la respectiva guía o manifiesto. Los productos que se distribuían a los negocios del centro de Orotina eran transportados por los carretoneros que existían en el pueblo en aquellos años.

Con el tiempo, la bodega fue remodelada: se cambió el zinc, se pintó y se realizaron varios arreglos internos. Actualmente, existe el proyecto de convertir este espacio en un mercado de artesanías, una iniciativa que busca darle nueva vida a este lugar histórico y que esperamos llegue a concretarse.

Escrito por: ORLANDO VINDAS ULLOA




