En 1852, un campesino josefino llamado José María Vargas decidió apartarse de la ruta tradicional de carretas que unía San José con Puntarenas. A la altura de San Mateo, sus ojos se encontraron con un paisaje que lo marcaría para siempre: las inmensas planicies boscosas de Santo Domingo, vírgenes e intactas, esperando ser descubiertas.
Ese desvío fortuito se convirtió en el inicio de una historia que, décadas más tarde, daría lugar al cantón de Orotina.
El descubrimiento de un paraíso verde
Impresionado por la riqueza natural de aquellas tierras, Vargas no lo dudó: adquirió una gran propiedad en lo que hoy conocemos como Hacienda Vieja. Allí introdujo ganado y comenzó a trabajar la tierra, sentando las bases de la actividad agropecuaria en la región.
Mientras tanto, su familia permanecía en San José. Vargas, que continuaba con su labor de transportista de café, alternaba su oficio de carretonero con el de agricultor en estas tierras fértiles, preparando el terreno para el futuro.
El traslado definitivo de la familia
En 1875, José María Vargas tomó la decisión definitiva: trasladar a toda su familia a las llanuras de Santo Domingo. Junto a su esposa, su hijo Primo Vargas Valverde, sus otros cuatro hijos y varios parientes cercanos, establecieron un nuevo hogar en aquellas tierras. Con ello, dejaron atrás la vida en San José y dieron inicio a la formación de una verdadera comunidad en la región.
Ese traslado marcó un antes y un después. Ya no se trataba solo de un pionero explorando tierras, sino de una familia entera estableciendo raíces: levantando casas, sembrando cultivos y organizando la vida comunal. Fue entonces cuando la región comenzó a tomar forma de comunidad.

El papel de Primo Vargas Valverde
Con el paso de los años, la figura de Primo Vargas Valverde cobró protagonismo. A partir de 1869 comenzó a adquirir propiedades y a expandir los dominios familiares. Con los años, formó una enorme hacienda que abarcaba lo que hoy son el Distrito de Hacienda Vieja y el Distrito de Orotina.
Su visión y capacidad organizativa lo convirtieron en referente de la zona, y su nombre quedó ligado al proceso que culminó con la creación del cantón de Orotina en 1908.
Sin embargo, esa notoriedad ha opacado la labor de su padre. José María Vargas fue el verdadero pionero: el primero en llegar, el primero en invertir y el primero en confiar en estas tierras vírgenes.
Muerte y herencia
Don José María Vargas falleció en 1888, en Santo Domingo de San Mateo. Para entonces ya había dejado un legado material y humano invaluable: una extensa herencia repartida entre sus cinco hijos, que incluía propiedades en la región y grandes terrenos en la provincia de Puntarenas.
Su legado no solo significó prosperidad económica para sus descendientes, sino también la consolidación de un territorio que él ayudó a descubrir y poblar.
Un nombre que merece justicia histórica
La historia de Orotina suele girar en torno al nombre de Primo Vargas Valverde, recordado como fundador del cantón y gran hacendado. Pero la memoria sería incompleta sin reconocer a su padre: don José María Vargas, quien en 1852 fue uno de los primeros en internarse en las planicies boscosas de Santo Domingo.
Su hijo Primo continuó esa obra desde 1869, formando una hacienda de grandes dimensiones y dando forma al futuro cantón de Orotina. Pero el primer paso, el más difícil, lo dio su padre: José María Vargas.
Hoy, más de siglo y medio después, su nombre merece ocupar el lugar que le corresponde en la memoria local: fundador silencioso, pionero incansable y artífice de las primeras páginas de la historia de Orotina.






