El rescate de la locomotora 130: un esfuerzo comunitario por la historia ferroviaria
En agosto de 2015, un cartel de licitación anunció la venta de varias toneladas de chatarra por parte del Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer). Entre los materiales a subastar se encontraban cuatro locomotoras eléctricas marca Siemens, que desde 1995 permanecían en los patios de la estación del Pacífico. Esta noticia generó gran inquietud entre los vecinos de Orotina, quienes reconocieron el valor histórico de estos equipos y se movilizaron para evitar la desaparición de al menos una de ellas.
Convencidos de la importancia de preservar el patrimonio ferroviario, un grupo de ciudadanos de Orotina formó un comité de rescate patrimonial. En septiembre de ese mismo año, presentaron una solicitud formal al Incofer para que la locomotora 130 fuese cedida en calidad de préstamo con el fin de ser restaurada y exhibida en la estación ferroviaria de la ciudad. Esta iniciativa fue respaldada por la comunidad, que veía en la locomotora un símbolo de la historia ferroviaria del país y de la identidad de la región.
El proceso no fue inmediato, pero la perseverancia de los gestores dio frutos. En marzo de 2017, el Incofer aprobó la solicitud y permitió el traslado de la locomotora 130 a Orotina. Sin embargo, mover una máquina de 60 toneladas no era tarea sencilla. Dos empresarios de la zona se ofrecieron a donar el transporte por la ruta 27, un gesto que demostró el compromiso del sector privado con la preservación histórica.
Finalmente, el 25 de abril de 2017, se concretó el traslado. A las 4 de la mañana, con la colaboración de empleados del taller y una cuadrilla del Incofer, comenzó el proceso de movilización. A las 7 de la mañana, la locomotora llegó a la ciudad de Orotina, donde fue recibida con júbilo por los habitantes. El asombro y la emoción de los ciudadanos reflejaban la importancia del momento: la máquina no solo llegaba físicamente a la ciudad, sino que también reafirmaba el valor de la memoria histórica y el esfuerzo colectivo.
Durante toda la jornada, hasta las 4 de la tarde, se trabajó arduamente en la estación para bajar la locomotora y preparar el espacio donde descansaría definitivamente, junto al antiguo taller eléctrico de la estación. Gracias al esfuerzo y la dedicación de la comunidad, la locomotora 130 no solo fue rescatada del olvido, sino que se convirtió en un emblema del compromiso ciudadano con la historia ferroviaria de Costa Rica.
Este rescate representa un ejemplo de cómo la organización y la pasión por el patrimonio pueden hacer la diferencia. La locomotora 130, que alguna vez estuvo destinada a ser chatarra, hoy es un testimonio vivo del pasado ferroviario del país y una inspiración para futuras generaciones.










