El 11 de junio de 1894, un hecho trascendental ocurrió en las verdes colinas de Desmonte de San Mateo, Costa Rica. El líder cubano José Martí, en su travesía desde San José hacia Puntarenas, se encontró con Primo Vargas, un influyente agricultor costarricense. Este encuentro, cargado de simbolismo y propósito, sembró las semillas del futuro cantón de Orotina, dejando una huella profunda en la historia local.
Un Encuentro Inesperado
José Martí, en aquel momento de 41 años, viajaba a caballo por el antiguo camino de carretas. Mientras descendía los cerros del Aguacate, es posible imaginarlo reflexionando sobre la lucha de su pueblo cubano contra el dominio español. Al mismo tiempo, desde las Llanuras de Santo Domingo (hoy Orotina), un grupo de jinetes liderados por Primo Vargas se dirigía a su encuentro. Vargas, de 59 años, ya conocía las ideas de Martí y no dudó en organizar una comitiva para recibirlo con honor.
El Regalo de un Mango
Primo Vargas, siempre práctico y generoso, llevó un palito de mango como presente. Este detalle no era casualidad; el mango podría haber tenido raíces simbólicas, ligadas al general cubano Antonio Maceo, quien alguna vez repartió palitos de mangos traídos desde cuba en ese mismo camino. Durante el encuentro, ambos hombres plantaron juntos el árbol a un lado del camino, un gesto cargado de esperanza y visión de futuro. Aquel árbol vivió más de un siglo, un testigo silencioso de este momento histórico.
Un Banquete en Santo Domingo
Tras el simbólico encuentro en la montaña, Martí aceptó la invitación de Vargas para visitar su hacienda en las Llanuras de Santo Domingo. Al llegar, fueron recibidos con un banquete preparado por Doña Josefa Retana, esposa de Primo. La mesa rebosaba con arroz, frijoles, carne mechada, papas con chorizo, tortillas palmeadas y, curiosamente, vino tinto, un lujo en aquella época. Este gesto no solo demostraba la hospitalidad de la familia Vargas, sino también su estabilidad económica.
Un Diálogo Profundo
El 12 de junio, Martí y Vargas finalmente tuvieron la oportunidad de conversar a solas. Mientras recorrían la hacienda, probablemente se dirigieron al cerro Chompipe, desde donde podían admirar la riqueza natural de la región. Se dice que esta caminata fortaleció su amistad, y que Martí se sintió en perfecta armonía con la naturaleza de Santo Domingo. Para Vargas, escuchar al prócer cubano fue una experiencia transformadora.
El Legado del Encuentro
La influencia de Martí en Primo Vargas fue profunda. Apenas unos meses después del encuentro, Vargas inició su labor filantrópica con la construcción de la Parroquia de Santo Domingo. También promovió la educación secular, donó terrenos para la llegada del ferrocarril y estableció una finca experimental para el desarrollo agrícola. Estas acciones cimentaron las bases del cantón de Orotina, cuyo crecimiento estuvo alineado con los ideales de justicia y progreso de Martí.
Reflexión Final
El breve pero significativo encuentro entre José Martí y Primo Vargas demuestra cómo una conversación puede influir en el destino de una comunidad entera.







